Me encanta cuando los museos marcan una línea, se especializan y nos aportan profundidad en ese tema o estilo exposición a exposición. Esto es lo hace de maravilla el Museo Carmen Thyssen de Málaga que de vez en cuando nos regala una exposición sobre pintores (o estilos del siglo XIX) o las vanguardias de principio del XX… y lo clava. En este caso presentan un estilo, el orientalismo en España, poco difundido para el gran público por una cuestión humana muy básica: el primero siempre es el triunfador y el segundo el que ha fracasado. Y nadie se acuerda del segundo, excepto que ya haya pasado más de un siglo.  Deja que te lo cuente.

«Fantasía árabe. Pintura orientalista en España (1860-1900)» es una exposición que rescata y muestra un estilo que buscaba una nueva forma de pintar y mostrar la luz… pero coincidió con los impresionistas. Y los impresionistas fueron los top ten de la luz y del siglo XIX, rompiendo cánones clásicos y llevándoselo el gato al agua. De hecho, los impresionistas rompieron basándose en lo que estaban haciendo los pintores de lo exótico, los orientalistas, que acabaron como «perdedores» del siglo y siendo de alguna forma olvidados. Pero su pintura era magnífica, vitalista, luminosa y muy romántica. Si vas al Carmen Thyssen de Málaga lo vas a comprobar.

«El vendedor de tapices» de Mariano Fortuny

Nos vamos a situar en los últimos pintores románticos de mediados del siglo XIX como Ingres, Delacroix o Dehodencq que decidieron viajar a lugares exóticos a conocer otros pueblos y otra luz. Hablamos de viajes a Argel, Túnez o Marruecos. En España ocurría lo mismo pero aquí teníamos a un pintor que si no fuera porque se murió con 37 años habría sido más importante que muchos de los grandes impresionistas, me refiero a Mariano Fortuny. Este pintor practicaba una pincelada minúscula, detallista y empastada, que llamaron preciosista y que hacía que la imagen tuviera más detalles que las uñas de Rosalía. Detrás de la magia de su pincel y sus viajes fueron Simonet, Tapiró, Fabres… Pues el Carmen Thyssen se lo ha traído todo. Cuadros de Delacroix y Dehodencq, más de veinte obras de Fortuny y una magnífica selección de todos los demás.  Y eso no es todo.

Sala de Inicio Exposición Fantasía Árabe

No es la primera vez que lanzo la pregunta de si los del carmen Thyssen están locos o son genios. Pero esta vez ya te respondo yo, están locos. Lo digo porque para «adornar» la idea del orientalismo han traído «atrezzo», como suele hacerse en las exposiciones más modernas. Hasta aquí todo normal. Pero es que se han traído de «atrezzo» una pared de la Alhambra de Granada… Y si preguntas, te dicen que es lo normal, que esa pared sale une uno de los cuadros y querían complementar la exposición con estos «detalles» orientalistas de los propios cuadros. Lo dicho, para ser un genio hay que estar loco.

«Café moro» de José Benllure

La exposición está organizada en tres espacios muy bien definidos y organizados como suele ser habitual en este museo, que para eso si son mas clásicos. Se empieza con Fortuny y «El cercano Oriente» en el que sin lugar a dudas la obras del preciosista catalán se lleva todo el mérito. Os aconsejo que os detengáis en las acuarelas antes de llegar al «Vendedor de tapices» una de las mejores obras de toda su vida y que destaca  con luz propia. Encontrareis a Delacroix entre dos zonas con obras de pequeño tamaño pero de gran calidad. Entramos entonces en la zona más grande de toda la exposición con las costumbres y la vida de oriente. No dejéis de disfrutar de «El Barbero del Zoco» de Simonet o del «Café moro» de Benllure (el pintor) . Son obras maravillosas, con una atmósfera espesa de luz, pero con mil detalles de costumbres y personajes singulares.

Detalle de la exposición Fantasía Árabe

No os perdáis al fondo de la sala los «Encantadores de serpientes» de Viniegras y de Fabres o el «Viejo ceramista árabe» de Moragas porque son para quedarse a vivir en el Carmen Thyssen. Todo aderezado  con «atrezzo» muy chulo como una escopeta típica árabe (espingarda) junto a dos cuadros donde aparece este arma. Y aunque todo lo ya comentado es espectacular, el final es de lo mejor, es terminar con una buena copa de cava. Se trata de retratos árabes donde tengo que destacar las acuarelas de Tapiró, un artista al que no conocía y que desde ahora es uno de mis favoritos de todos los tiempos. Y eso que está junto a «Enseñando el Corán» de Fabres que también es una acuarela maravillosa y muy cerca de dos cuadros más de Fortuny. Lo dicho este final es una copa de cava, con fresas y chocolate. Pero no he terminado.

Retratos de la ultima sala

El último cuadro es una obra poco apropiada para personas sensibles. Una obra dura, sencilla y sincera, tan bien pintada y con un mensaje tan rotundo y claro de otros tiempos que ya he visto a dos personas llorar delante de el. Solo diré que es una mujer y que si quieres saber de qué hablo… ve a ver la exposición. No te vas a arrepentir.

2 comentarios

  1. Excelente muestra, enriquece nuestra cultura general. Muchas gracias

  2. Gracias, por esta introducción a la exposición, tu también eres un artista!!!

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