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La sede internacional de la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo en Málaga, es una de los grandes museos que tenemos en esta ciudad, una suerte para los que la habitamos y para nuestros visitantes. Y no lo digo solo porque disponen de miles de obras en sus fondos para montar exposiciones, sino porque estos grandes museos del mundo tienen acumulada una experiencia de décadas montando exposiciones y colaborando con museos de todo el planeta, que se ve reflejado en las exposiciones que montan en Málaga. Lo digo por la exposición anual sobre  realismo, una exposición clara y sencilla a primera vista… pero hay que saber mirar para ver, porque no todo es lo que parece.

«Realismo. Pasado y presente. Arte y verdad» como ya he dicho, es una exposición que parece fácil de explicar. Bastaría decir que son obras de arte realista, de diferentes épocas, desde bodegones a retratos, desnudos  o paisajes… y ya está. Pero hay algo más, algo que la comisaria ha deslizado bajo la piel de la exposición con una sutileza y creatividad propia de la experiencia de estos grandes museos internacionales. Desde que el arte contemporáneo, con Picasso a la cabeza, rompió el vínculo del arte como representación exacta de la realidad, todo el arte se ha dividido en dos grandes grupos que parecen antagónicos : arte figurativo y arte no-figurativo. Pues en esta exposición manda esa separación al diablo. Y con argumentos.

Pondré como ejemplo el cuadro por el que empiezan a explicar los mediadores de este museo y la audioguía, «Pavo real » de Johann Friedrich Grooth. Un cuadro facilón a primera vista, porque en él se ve una gran pavo real blanco,  sobre una rama bajo cuyo tronco hay un gallo medio desplumado bebiendo agua. Cuando ves lo virtuosamente perfecto que ha pintado las plumas del pavo real el artista, su dominio de la luz y los claroscuros, te puede parecer que para admirar esa pincelada es para lo que está este cuadro colgando entre bodegones. Pero resulta que este artista fue invitado a Rusia en una época en la que solo se pintaban iconos, y el zar  quería modernizar el país. El artista fue llamado para, junto con la élite intelectual, instaurar un arte moderno y europeo alejado de los artistas anclados en el arte más antiguo y popular. Así que el gran pavo real blanco es en realidad la sociedad nueva e intelectual rusa, superior, bella y elevada, frente al gallo viejo y en el suelo que son los inmovilistas… y el pueblo llano. ¿Arte figurativo? ¿Copia de la realidad? ¿Un pavo real? Claro que sí…

Pero hay más, porque este cuadro está junto a una serie de lienzos donde la realidad se ha dado la vuelta literalmente. Se exponen cuadros que muestran el reverso de otros cuadros, como una realidad escondida («Naturaleza muerta: bastidor, carpeta y bajo relieve en yeso» de Aleksandr Mordvínov). Cuadros con el carnet del partido, desgastado y agrietado en un fondo rojo comunista aislado y solitario en 1972 («Carné del partido» de Yuri Grigóriev). O un selfie en un espejo de una artista, que sufrió la represión y el encierro en un gulag por cuestiones políticas y pinta su imagen en el espejo rodeado de objetos de pintor («Autorretrato en un espejo» de Aleksandr Shenderov). Un reflejo del artista y la persona que realmente es y que no le permiten ser. Bodegones se llama la sala, realismo se llama la exposición… maravilla la llamo yo. Y así hay más de un centenar de cuadros.

Casi todos los cuadros de los que he hablado tienen más de un siglo, cuadros donde el arte funde la realidad para mostrar una imagen mientras está contando otra cosa bien distinta , fiel a uno de los subtítulos de la exposición («Arte y verdad»). Pero hay otro subtítulo, «Pasado y presente» que es con el que más he disfrutado por el nivel y la experiencia en exponer que tienen los comisarios de este museo. Porque hay cuadros de hiperrealismo realizado hace menos de diez años e incluso cuadros de denuncia social terminados durante la primera ola de la pandemia del Covid 19, pocos meses antes de abrir esta exposición. Y están en la misma línea argumental que los cuadros más antiguos, mostrando que el arte no siempre es un reflejo de la realidad… aunque siempre es fiel a la verdad, tal como la ve el artista claro.

Señalare una obra que no pasa desapercibida, por su gran tamaño y su calidad técnica. Una obra donde se aprecia un montón de platos de plástico volando por los aires junto a tenedores y vasos (también de plástico) y unas «manchas rojas» difícil de definir. El cuadro se llama «Viento de cambio» y está pintado por cuatro manos por la pareja artística y de vida formada por Igor Péstov y Yekaterina Péstova. Una imagen «tonta» que parce que alguien ha tropezado y tirado una mesa de platos de un cumpleaños infantil… si no fuera porque la pareja son activistas comprometidos con la ecología y el sobreuso del plástico, tan difícil de degradar. La obra es del 2007 y además de técnicamente sublime, deja fuera de foco la acción principal pues no se sabe que ha provocado que los platos estén volando por los aires. Una composición muy moderna y fotográfica que viene del mundo del cine muy diferente  aun pavo real o una cesta de frutas de los clásicos . Creo que ya está explicado el «Pasado y presente» y también lo que significa «Arte y verdad». Y eso que no hemos pasado de la segunda sala de la exposición, que tiene algo más de una docena de espacios con pintura, escultura, video-instalaciones etc.

Pues ya está. El análisis está completado y presentado lo importante del discurso museístico de la exposición. Pero no quiero que nadie se lleve a engaño, no todas las obras tienen mensajes ocultos o dobles sentidos. O al menos yo no se los he visto. Muchas de las obras se presentan por su virtuosismo técnico o porque son importantes para explicar un género o una época donde el realismo fue un estilo pictórico importante. Un ejemplo claro es la zona de retratos, con obras magníficas de diferentes épocas y técnicas de los grandes artistas rusos de este género. Y aunque puede parecer simplemente un muestrario de estilos…. preguntadles a los mediadores porque algunas obras tienen sus secretillos, que en este museo no se da puntada sin hilo.

Dicho lo importante, no me voy de este post sin comentar al menos un par de obras, de esas por las que merece la pena visitar todo un museo. A nadie se la va a pasar por alto la obra «Kemerovo» de la pareja artística Iliá Gapónov y Kirill Koteshov, terminada en la primavera de este año (de hecho ha sido expuesta en nuestra ciudad con la pintura como aquel que dice aun fresca). Espectacular no solo por los diez metros de lienzo que la hace grandiosa, sino también porque los artistas han usado para pintar un betún que se emplea en las minas para impermeabilizar túneles y galerías. Betún con el que los mineros suelen acabar manchados al acabar su jornada y que estos artistas han usado para pintar una mirada de cansancio y desaliento, que te penetran y se te viene encima. No en vano en la región de Kemerovo en los últimos años se están sucediendo los accidentes en las minas con muchos fallecidos. Acercaros al lienzo y veréis de qué color es el sudor de toda una región. Literalmente hablando. Realismo en estado puro.

La otra obra que quiero señalar entre las muchas maravillas de esta exposición es «Cola» de Alekséi Sundukov, que es la escogida además para el cartel anunciador. Una obra de 1986 que expresa que el autor cree que igualaba a todos las personas en Rusia… las colas para comprar algo de alimentos (o lo que sea). En el cartel no se ve bien, pero en la obra hay una ciudad diminuta, a lo lejos en la esquina izquierda que redimensiona el tamaño de las persona y la cola. Un toque que descompensa proporcionas de forma premeditada y que en mi opinión es un detalle de genialidad del artista. Todos parados, con ropas ocres, sin rostros, de espaldas… todos diferentes y todos tan iguales perdidos en el infinito de la cola. «Realismo» se llama la exposición, «pasado y presente», «arte y verdad». Es genial, como muchas otras obras que me estoy dejando en el tintero.

Terminaré recomendando que se visite esta exposición la primera vez al menos, guiado por los mediadores del museo (que tiene visitas regulares a diario incluidas en el precio de la entrada) o por guías oficiales expertos en la colección. Cuando un gran museo internacional monta una exposición de esta envergadura, se disfruta mucho más si te van mostrando todo el discurso museístico y los detalles de las obras más destacada de la exposición según la visitas. Yo solo he apuntado un pequeño aperitivo para estimular el apetito pero estoy seguro que si vienes a Málaga a comertela entera… repetirás. Una suerte tener un museo así en nuestra ciudad.

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